10o. Dom Ord Ciclo C
(Id=389)
Tu hijo está vivo
Lectura del primer libro de los Reyes
17, 17-24
En aquellos días, cayó enfermo el hijo de
la dueña de la casa en la que se hospedaba Elías. La enfermedad fue tan grave,
que el niño murió. Entonces la mujer le dijo a Elías:
"¿Qué te he hecho yo, hombre de Dios? ¿Has venido a mi casa para que
recuerde yo mis pecados y se muera mi hijo?"
Elías le respondió:
"Dame acá a tu hijo".
Lo tomó del regazo de la madre, lo subió a la habitación donde él dormía y lo
acostó sobre el lecho. Luego clamó al Señor:
"Señor y Dios mío, ¿es posible que también con esta viuda que me hospeda
te hayas irritado, haciendo morir a su hijo?
Luego se tendió tres veces sobre el niño y suplicó al Señor, diciendo:
"Devuélvele la vida a este niño". El Señor escuchó la súplica de
Elías y el niño volvió a
"Mira, tu hijo está vivo". Entonces la mujer dijo a Elías:
"Ahora sé que eres un hombre de Dios y que tus palabras vienen del
Señor".
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Salmo Responsorial
Del salmo 29
Te alabaré, Señor, eternamente.
Exaltabo te, Domine, quioniam extraxisti me
Te alabaré, Señor, pues no dejaste que
se rieran de mí mis enemigos. Tú, Señor, me salvaste de la muerte y a punto de
morir, me reviviste.
Te alabaré, Señor, eternamente.
Exaltabo te, Domine, quioniam extraxisti me
Alaben al Señor los que lo aman, den
gracias a su nombre, porque su ira dura un solo instante y su bondad, toda
Te alabaré, Señor, eternamente.
Exaltabo te, Domine, quioniam extraxisti me
Escúchame, Señor, y compadécete; Señor,
ven en mi ayuda. Convertiste mi duelo en alegría, te alabaré por eso
eternamente.
Te alabaré, Señor, eternamente.
Exaltabo te, Domine, quioniam extraxisti me
Dios quiso revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas
1,11-19
Hermanos: Les hago saber que el Evangelio que he predicado, no proviene de los
hombres, pues no lo recibí ni lo aprendí de hombre alguno, sino por revelación
de Jesucristo.
Ciertamente ustedes han oído hablar de mi conducta anterior en el judaísmo,
cuando yo perseguía encarnizadamente a la Iglesia de Dios, tratando de
destruirla; deben saber que me distinguía en el judaísmo, entre los jóvenes de
mi pueblo y de mi edad, porque los superaba en el celo por las tradiciones
paternas.
Pero Dios me había elegido desde el seno de mi madre, y por su gracia me llamó.
Un día quiso revelarme a su Hijo, para que yo lo anunciara entre los paganos.
Inmediatamente, sin solicitar ningún consejo humano y sin ir siquiera a
Jerusalén para ver a los apóstoles anteriores a mí, me trasladé a Arabia y
después regresé a Damasco. Al cabo de tres años fui a Jerusalén, para vera
Pedro y estuve con él quince días. No vi a ningún
otro de los apóstoles, excepto a Santiago, el pariente del Señor.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
Propheta magnus surrexit
in nobis, et Deus visitabit plebem suam
Aleluya.
Joven, yo te lo mando: levántate.
† Lectura del santo Evangelio según san Lucas
7, 11-17
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una
población llamada Naín, acompañado de sus discípulos
y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que
sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba
una gran muchedumbre.
Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo:
"No llores".
Acercándose al ataúd, lo tocó y los que lo llevaban se detuvieron.
Entonces dijo Jesús:
"Joven, yo te lo mando: levántate".
Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo
entregó a su madre.
Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios,
diciendo:
"Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su
pueblo".
La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones
circunvecinas.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.
El misterio pascual y el pueblo de Dios
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber
y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios
todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Quien, por su misterio pascual, realizó la obra maravillosa de llamarnos del
pecado y de la muerte al honor de ser estirpe elegida, sacerdocio real, nación
consagrada, pueblo de su propiedad, para que, trasladados de las tinieblas a tu
luz admirable, proclamemos ante el mundo tus maravillas. Por eso, con todos los
ángeles y arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el
himno de tu gloria.
[Misa]
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